Complejos ¡Fuera!

Carl Jung puso nombre a ese conjunto de sentimientos inconscientes que ejercen influencia sobre nuestra personalidad y que pueden incluso amargar nuestra existencia. Hablamos de los complejos, emociones que si no se saben gestionar pueden influir negativamente en la relación con nosotros mismos y con los demás.

Tener complejos es normal. No somos perfectos y, por eso mismo, de manera inconsciente siempre estamos comparándonos con otros. Son las respuestas irracionales que genera nuestro cerebro cuando nos sentimos diferentes a los demás. Pero el problema comienza cuando sobredimensionamos los complejos y la idea que tenemos de nosotros mismos comienza a atormentarnos.

Los complejos, generalmente, se adquieren en la niñez, se asientan durante la adolescencia y, si no se corrigen, pueden acarrear serios problemas durante la etapa adulta. Pueden ser sentimientos innatos o adquiridos, tener un origen físico o emocional, pero casi siempre, los complejos muestran una imagen distorsionada de la realidad de la persona.

No todos vivimos atormentados, pero es raro encontrar a alguien que nunca se haya sentido acomplejada en la vida. Todos en mayor o menor medida hemos experimentado esa sensación de “sentirnos diferentes”, aunque no todos saben gestionar o admitir la diferencia.

¿QUÉ TIPO DE COMPLEJOS NOS PUEDEN ATORMENTAR?

Las personas con complejos físicos suelen ser esclavas de su imagen. Se dejan llevar por los cánones de belleza que impone la sociedad y todos sus esfuerzos se concentran en alcanzar un objetivo: parecerse a los modelos que admiran. Quieren ser más altos o más bajos, más guapos, más flacos o más gordos, tener más o menos pecho. El caso es que no se aceptan o no sienten bien con su físico.

Las personas con complejos psíquicos centran sus preocupaciones en su capacidad intelectual, su personalidad o las dificultades que pueda tener para relacionarse con los demás. Se sienten menos inteligentes, no dan su opinión en público porque temen la reacción de los demás, se infravaloran y tienen dificultad para aceptarse como son.

Otro tipo de complejo común es el social. Éste sentimiento suele relacionarse con la condición social y hace que algunas personas sientan vergüenza por su origen, su pasado o por su situación laboral o económica. Atormentadas por ello, hay quienes incluso llegan a ocultar o mentir sobre su familia u orígenes, por ejemplo.

Las personas acomplejadas y que viven atormentadas por este sentimiento suelen mostrar problemas de autoestima, inseguridad, temor al fracaso y están muy pendientes de la opinión de los demás. Su condición de acomplejada pone, muchas veces, mecanismo de defensa en marcha que le acarrea problemas en las relaciones con su entorno.

Superar los complejos es un reto que está en nuestras manos. Si vivir acomplejado no se ha convertido en un problema grave, que requiera ayuda profesional, hay pautas que pueden ayudarnos a corregir esos pensamientos irracionales, que los complejos provocan en nosotros. La clave está en querernos y aceptarnos tal y como somos. A partir de ahí, tenemos que identificar nuestros complejos e intentar minimizarlos, potenciando nuestras virtudes, reforzando nuestra autoestima e intentando disimular nuestros defectos; esos que todos tenemos y que algunos saben disimular mejor que otros.

 

Fuente: La mente es maravillosa

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