El riesgo de los secretos

Hay secretos y secretos. No todos tienen que salir a la luz, pero sí­ conviene ser conscientes de que están ahí­ y que, de alguna forma, nos afectan.

El secreto de un aborto o varios, el secreto de una infidelidad, el secreto de una adicción, de una muerte por suicidio, el secreto de que no es mi “verdadero” padre o madre, el secreto de un abuso, de un antepasado que estuvo en la cárcel, de un conflicto en anteriores generaciones, de una enfermedad crónica, de una determinada confesión.

Desde la perspectiva sistémica, aprendemos que esas cosas han infectado el sistema, han dado una rigidez al mismo que, solo a través del reconocimiento de tales secretos, la confesión en un contexto de seguridad y la toma de medidas en el presente para que no sigan creando ataduras, es lo necesario para sanear el sistema.

También a la hora de desvelar o reconocer un secreto, están las luchas con la culpabilidad y el miedo. Cualquier secreto está envuelto en un compromiso por guardar silencio y un compromiso de lealtad al otro. Romper el silencio es un gran reto.

Hay secretos que no es necesario sacar a la luz, solo reconocerlos, darnos cuenta que eso es un secreto de familia, algo que se ha ocultado pero que explica ciertas tensiones, ciertas reacciones o ciertos temores. Otros deben explicitarse para tomar las medidas necesarias, para desatarse del peso que uno lleva y de las consecuencias que no dejan llevar una vida satisfactoria con unas relaciones sanas.

Encontramos personas que han abortado y que han intentado que ello quedase en una anécdota, que lo han pasado pronto por alto como si no hubiese sucedido, pero la misma prisa por pasar de largo se les ha vuelto en su contra al no poder hacer el correspondiente duelo, y ahí queda eso, como si nunca hubiera pasado, pero pasó, y dolió, y fue una importante pérdida, con sus diferentes matices si fue provocado o accidental, si fue buscado o forzado, si fue a los pocos meses o a los muchos, etc. El secreto de un antepasado que tenía una enfermedad mental, o que estaba preso de una adicción, o que llegó a quitarse la vida, todo ello deja una estela, hay un sufrimiento latente, una especie de sentimiento de rabia, de culpa, de temor, que pasa de una forma inexplicable de generación en generación, y que solo puede frenarse si se habla, se desahoga, se hacen explí­citas las emociones latentes, se toman las medidas y decisiones necesarias para frenar ese legado inconsciente que se transmite de una generación a la siguiente.

Recuero una familia que vino a visitarme, notó que la madre era reacia a consultar, cosa que me extrañó ya que normalmente son más bien los hombres los que no les gusta eso de pedir ayuda. Vení­an por un hijo de unos 17 años que últimamente tení­a conductas “raras”, extravagantes, y no sabí­an si era un trastorno o una reacción normal de la etapa que estaba viviendo. Al margen de lo que tení­a el chico, lo que pude descubrir, en algún momento, fue un secreto de esa familia por parte de la madre. Un abuelo de ella, es decir, bisabuelo del chico, había tenido esquizofrenia. No se supo hasta bien avanzadas las sesiones, fue en un momento en el que ella hizo esa confesión queriendo pasar rápidamente, tan rápido que para mí­ fue sospechoso y decido pararme allí unos momentos. Entonces se evidencia que ella tení­a un profundo temor a que su hijo tuviera la misma enfermedad de su abuelo, ya que recordaba cómo ella y su madre habían sufrido mucho con él. Muchos años después, sin que nadie sospechara de ello, esta mujer viví­a cargada, con el temor de volver a vivir el “infierno” que había vivido con su abuelo. Mejor era no ir a terapia no fuese que se descubriera algo que ella no querí­a asumir. Dedicamos tiempo a hablar de ese pasado y fue muy liberador para ella, porque estaba ahí­, muy presente en su vida, en forma de temor, de angustia, y teniendo consecuencias en el presente.

Como este, podrí­amos poner muchos más ejemplos de cómo sobre nosotros pesan recuerdos, que hemos puesto con candado, que son como secretos, que nos afectan en el presente y que vale la pena buscar el contexto, la persona y el momento adecuado para abrirnos y deshacernos de ellos.

Esteban Figueirido

Tomado de su libro: Familias creativas y eficaces

vía El riesgo de los secretos.

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