Los orígenes infantiles de los bloqueos afectivos

Dado que todos deseamos ser amados, es obvio que nadie genera un bloqueo afectivo por elección consciente. Nuestros bloqueos afectivos son inconscientes y en su origen es probable que haya una razón que los justifique. Suelen nacer como una manera de protegernos contra alguna experiencia anterior que nos produjo miedo y confusión, una experiencia tan difícil y dolorosa que nuestra frágil psiquis no pudo manejarla. Tal vez desde una perspectiva intelectual adulta nuestros bloqueos afectivos no parezcan tener mucho sentido. Pero si exploramos nuestras experiencias tempranas, inevitablemente descubriremos que hay amplios motivos emocionales que los explican.

La naturaleza también decretó que permaneciéramos en esa situación de desvalimiento y dependencia durante un período inusitadamente prolongado. Para cada uno de nosotros eso significó que durante el largo período de la infancia y la adolescencia nos encontráramos en una situación de extrema vulnerabilidad. Existía una gran riesgo de que alguna de nuestras necesidades no fueran satisfechas y de que nada pudiéramos hacer para remediarlo.

Si bien jamás superamos la necesidad de amor, ésta nunca es tan urgente como en las primeras etapas de la vida. Como dice una canción popular, “el amor es como oxígeno; si no tienes bastante, te mueres”.

Cuando la necesidad infantil de amor no es satisfecha en la medida necesaria, ocurre algo trágico: el niño comienza a perder su receptividad natural para el amor. En términos ideales, esa receptividad natural se va expandiendo a medida que su necesidad de amor es satisfecha, del mismo modo como su cuerpo crece a medida que son satisfechas sus necesidades alimentarias. Y al mismo tiempo que crece la capacidad del niño para recibir amor, también crece su capacidad de dar amor. Pero cuando el niño no recibe bastante amor, su receptividad natural disminuye, tal como se contrae un estómago que no recibe alimento. Si la necesidad de amor de un niño no es satisfecha en forma sostenida durante largo tiempo, o si el niño sufre una experiencia traumática en la cual la respuesta a su pedido de amor es el maltrato o el total rechazo, aquella parte del niño que llegó al mundo abierta y receptiva al amor puede marchitarse por completo. Será entonces como si el yo naturalmente receptivo del niño hubiera muerto.

Los mecanismos de supervivencia que nos ayudaron en la infancia suelen volverse contra nosotros en la adultez bajo la forma de bloqueos afectivos, y en última instancia nos causan más daño que beneficio.

Si bien nos fueron necesarios para sobrevivir en la infancia y en la adolescencia, en la edad adulta debemos liberarnos de ellos para poder desarrollarnos y recibir amor.

Fuente: Bienestar emocional, superación y éxito

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