Planta la semilla del afecto

Un presidiario que acababa de ser puesto en libertad se cruzó en la calle con el alcalde de su pueblo. El hombre, que temía su rechazo, trató de evitarlo, pero el alcalde le saludó cordialmente: “¡Qué alegría verlo! -le dijo- ¿Cómo le va?”

Años después, cuando volvió a coincidir con el alcalde, el ex-presidiario, convertido ya en un hombre de bien, le dijo: “Quiero agradecerle lo que hizo por mí cuando salí de la cárcel.” “¿Y qué fue lo que hice?”, preguntó intrigado el alcalde. “Fue muy amable conmigo y eso cambió mi vida…” respondió.

SEMBRAR FELICIDAD A NUESTRO ALREDEDOR. Y es que una sola expresión amable es como una semilla que, una vez plantada, puede fructificar de una forma sorprendente. Tratar a todos nuestros semejantes con gentileza nos ayudará a vivir en un mundo mejor.

Fuente: http://www.enterapiapsicologia.es

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