Anorexia (Ana) y bulimia (Mia): cuando comer es una pesadilla

“La anorexia se apoderó de mí y siento que me destrozó. Lo siento recién ahora, después de 8 meses de tratamiento. Quizá parezca exagerado, pero te destruye tanto como la droga o el alcohol. Para recuperarte, tienes que volver a empezar de cero. Durante más de dos años di vuelta toda mi vida, mi mentalidad, mis valores. Es como si hubiera hecho una maraña de cables gigantesca y ahora no sé por dónde empezar. Pero de lo que estoy segura es de que, cuando esa maraña esté deshecha, no se va a parecer en nada a lo que era antes. Ningún cable va a estar en el mismo lugar. Ya me cuesta saber quién soy. La que era antes, ¿dónde está?”

Estoy segura de que si oyes los términos Anorexia o Bulimia, sabrás de qué estoy hablando, ya que en los últimos años además de aumentar su incidencia en la población, también han aparecido de forma más frecuente en los medios de comunicación.

Pero quizá no te suene tanto si hablo de “Ana” o “Mía” para referirme a la Anorexia o Bulimia respectivamente, y es que es como se las denomina en las redes sociales, sobre todo en aquellas webs que fomentan la enfermedad, ofreciendo consejos y apoyo mutuo para seguir adelganzando.

Suelen aparecer en la adolescencia y pueden permanecer ocultas años, o incluso décadas, y reaparecer con gran intensidad ante un acontecimiento vital para la persona. La adolescencia es la etapa de mayor riesgo para estos trastornos ya que es cuando se va formando nuestra identidad, somos puro cambio y nuestra apariencia externa cobra vital importancia en la autoestima y relaciones sociales.

Aunque la incidencia es mayor en las mujeres adolescentes, cada vez aparecen más casos de chicos con problemas alimentarios y en edades cercanas a los 40 años.

¿Qué son realmente la Bulimia y la Anorexia?

En ambos trastornos alimentarios, existe una alteración de la percepción de su figura y de su peso corporal, así, pueden creer que están gordas. Esta distorsión aparece a pesar de que se encuentran en bajo peso o en su peso normal.

Su conducta alimentaria está alterada, bien por restricciones (no comen) o por episodios de sobreingesta (los conocidos atracones) y suelen realizar otras conductas con las que pretenden “compensar” lo que han comido, intentando controlar así su peso (vómitos, laxantes, ejercicio excesivo…).

Las consecuencias de todas estas conductas, no solamente se encuentran a nivel físico, su salud mental tampoco se encuentra en su mejor momento, de hecho es probable que convivan los síntomas de depresión, ansiedad, etc. O incluso otros trastornos como los de la personalidad (es bastante frecuente).

“Yo me sentía tan fea por dentro que pensé que si me volvía linda por fuera, iba a poder compensarlo y me iban a querer.” (Jessica, 14)

Las causas son muchas y como siempre, variarán en cada persona, aunque podemos hablar de factores influyentes como las presiones sociales, los conflictos familiares, escolares… etc.

No es algo que aparece de la noche a la mañana, se va gestando, con pequeños detalles y cambios en los jóvenes, poco a poco cada vez más preocupados por la comida y por su imagen. Un día se preocupa porque determinado pantalón le queda muy ajustado o por un comentario de un compañero de clase, y poco a poco comienza a entrar en esta espiral de autodestrucción. O quizá usaba la comida como lugar de refugio, o era lo único sobre lo que podía sentir control en su vida.

Generalmente no son conscientes del peligro que corren ni de que tienen un trastorno alimentario, lo que hace que sea muy difícil el tratamiento.

Además de los factores que comentaba, existen ciertas conductas de riesgo que pueden desembocar en un trastornos alimentario, como realizar dietas restrictivas, la preocupación por el peso o las dificultades para gestionar las emociones y la frustración.

La diferencia fundamental entre ambos radica en el excesivo control alimentario de la persona con Anorexia (no comen) frente al “descontrol” de la persona con Bulimia, no quiere comer pero no lo consigue, así que vomita o compensa mediante laxantes. De hecho entre ellas suelen estar mejor consideradas las que tiene Anorexia, y éstas muchas veces se refieren a sus compañeras con Bulimia con desprecio, llegándolas a llamar “las cerdas”.

Algunas señales y síntomas de la Anorexia o “Ana”

  • Eliminar de la dieta los alimentos con alto contenido calórico y excesiva atención a las calorías
  • Masticar mucho la comida y desmenuzarla
  • Comer cada vez menos
  • Beber líquidos en exceso
  • Preocupación excesiva por el peso
  • Ejercicio físico de forma compulsiva
  • Uso de laxantes, productos light y diuréticos
  • Cambios bruscos de humor e irritabilidad
  • Mentiras y manipulación
  • Suelen ser personas muy perfeccionistas y controladoras
  • A medida que avanza: sensación de frío, caída de pelo, debilidad en las uñas, fatiga, ansiedad, problemas sociales, alteraciones del sueño, ausencia menstruación (amenorrea)… etc.

Algunas señales y síntomas de la Bulimia o “Mía”

  • Restricción dietética en comidas normales
  • Atracones de grandes cantidades de comida
  • Vómitos como forma de “compensar” lo ingerido
  • Rechazo de las comidas sociales
  • Guardar comida en diversos lugares de la casa
  • Tomar grandes cantidades de agua, leche, cafés y bebidas de cola light, tabaco y chicles sin azúcar para reducir la ansiedad
  • Cambios bruscos de humor e irritabilidad
  • Mentiras
  • A medida que avanza: estreñimiento, pérdida esmalte dental, lesiones en la garganta y esófago, problemas gastrointestinales, arritmia, osteoporosis…

“No comía durante todo un día o comía arroz o una manzana y, por la noche, vaciaba el refrigerador. El tema de la comida ocupaba el 99% de mi tiempo y de mi mente. Me sentaba a estudiar y pensaba: ‘¿Que cenaré esta noche?’ o bien, ‘Hoy comenzaré tal o cual dieta.’ Olvidaba lo que estaba estudiando, todo me iba mal. Yo quería hacer otra cosa pero no podía, no podía concentrarme. Me decía: hoy te vas a comportar bien, estudias hasta el mediodía y después… Antes de que pasaran diez minutos, ya estaba calculando lo que había comido ayer y lo que iba a comer hoy o a no comer, o simplemente me encontraba comiendo.” (Iliana, 19)

¿Qué podemos hacer?

Si tú, tú hija o una persona que conoces crees que pueda estar sufriendo un trastorno alimentario, es fundamental buscar ayuda cuanto antes, y es que seguramente lleve cierto tiempo sufriendo las consecuencias, tanto a nivel mental como físico.

El tratamiento debe realizarse mediante un equipo multidisciplinar: psicólogos, nutricionistas y médicos trabajan juntos para guiar la recuperación hacia una vida más saludable.

Es necesario realizar una valoración médica para comprobar las posibles lesiones o daños que la privación de comida o el abuso de laxantes y vómitos haya podido causar en el organismo. Siendo así el primer paso, tratar los daños o minimizarlos en lo posible y lograr una normalización del peso.

A pesar de que existen unos protocolos a seguir en cuanto al tratamiento de los trastornos alimentarios, el plan de intervención que se realiza es individualizado y ajustado a las necesidades de la persona.

Es muy importante destacar el papel de la prevención como nuestra mejor arma. Si desde pequeños fomentamos la psicoeducación en nutrición, fortalecemos la autoestima o el control emocional, reduciremos las posibilidades de desarrollar un trastorno alimentario.

“Ni yo me imaginé que iba a costarme tanto salir de la anorexia. Al principio parece que todo se va a solucionar comiendo bien, pero no es tan simple. Rompí con una imagen de perfección para acarrear con otra: la de enferma, trastornada, problemática, la que necesita que la cuiden y controlen. Es difícil volver a empezar, volver a nacer a los 15.” (Lucía, 15)

Algunos cambios que se realizan en terapia

  • Psicoeducación sobre nutrición y hábitos de vida saludables: aprender a comer de nuevo diseñando un plan alimentario
  • Papel fundamental de la familia en la terapia, cambiando también aquellas conductas o roles que puedan estar manteniendo el trastorno alimentario
  • Aprender a sobrellevar lo que no se puede cambiar, dejando de luchar contra su malestar y contra lo incontrolable
  • Trabajar los pensamientos y creencias erróneas que tiene sobre su imagen y cuerpo
  • Proponer estrategias que cambien el foco de atención de la comida, ofreciendo nuevas alternativas
  • Ayudarle a aceptar su propio cuerpo
  • Retomar y proponer nuevas actividades sociales
  • Terapia de grupo

“Para mí el peso era la referencia de autovaloración. Ahora veo, por ejemplo, cómo la gente me aprecia y tiene ganas de estar conmigo, aunque no haga dieta. Yo estaba insoportable, me invitaban a comer y no comía, tomaba agua. Ahora me doy cuenta de que me quieren muchísimo, y comemos todas juntas. Y no tengo ningún ‘rollo’ de esos que me aislaban, y eso ayuda a que los otros te demuestren que te quieren. Mi problema era que me aceptaran, y yo creía que para que me aceptaran, tenía que pesar menos de 52 kg.” (Luciana, 18)

Para terminar, os dejo un enlace a un documental muy interesante que cuenta cómo es el tratamiento en un hospital de día, con diversos testimonios contados por las propias chicas, así como la opinión de los distintos profesionales.

Dieta Mortal

Fuente: La realidad inventada/ Elsa Gundín Agrelo

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