La autoestima y los problemas emocionales

Problemas emocionales

Es fácil que, uno que tiene la autoestima baja, se sienta ansioso, es decir, ese miedo al rechazo, ese no saber decir no, esa inseguridad y falta de confianza en uno mismo, que hace que uno viva con una constante preocupación, que el cuerpo mismo se queje notando que, en situaciones, el corazón lata más rápido, se respire de forma más acelerada, se sude más, hasta se puede llegar a tener sensaciones de mareo, temblores, enrojecimiento de la cara, etc., sensaciones muy desagradables que conforman parte del diagnóstico de ansiedad.

Al sentirse mal con uno mismo, uno se aísla o se relaciona de forma que genera más rechazo. Cuando uno se siente solo, dejado de lado, incapacitado para hacer lo que hacen todos, impotente para afrontar las situaciones difíciles, entonces se deprime. La depresión es bastante amiga de la baja autoestima. Ambas son aficionadas a ver todo negativo, a tener una visión pesimista acerca de uno mismo, del mundo que nos rodea y del futuro. Cuando la “depre” nos ataca, sólo sentimos ganas de llorar, de desaparecer, de no levantarnos nunca de la cama, de no ver a nadie, no ir a clase, no hacer nada… y, poco a poco, si cedemos, nos vemos en un descenso acelerado a las partes más bajas de un pozo, donde cada vez hay más oscuridad, más debilidad, menos posibilidades o menos visión de una salida.

Problemas en las relaciones personales

Como ya hicimos referencia, al no sentirte bien contigo mismo tampoco estás bien con los demás. Tratarás de evitar relaciones demasiado íntimas, no dando mucha confianza por miedo al rechazo o, por el contrario, se generará una gran dependencia y una busca desesperada de cariño en amistades, siendo pesado, absorbiéndoles, llevando en ambos casos a recibir más rechazo y reforzar la soledad que se siente.

Jaime se sentía inferior a los demás, había crecido en un hogar sin mucho cariño, todo eran exigencias a las cuales no podía llegar, nunca daba la talla y el poquito afecto que recibía siempre estaba condicionado a la superación de sus resultados académicos. En esta búsqueda de reconocimiento y afecto, siempre comentaba con sus amigos las cosas que conseguía, hasta el punto que, a menudo, mentía para agrandar los logros: en el partido de fútbol había sido la clave en todas las jugadas de gol, con las chicas no paraba de tener que sacárselas de encima porque todas querían salir con él, en cuanto a notas, por supuesto, no sacaba más por que no quería o porque el profesor de turno la tenía tomada con él. Este comportamiento hacía que sus amigos lo tomaran por un “farolero”, no era muy creíble y eso afectaba para que pudieran confiar en él y darle el reconocimiento que estaba buscando.

A Ana, lo que le pasaba era que, al sentirse tan poco querida, buscaba la atención constante de cualquiera que le diese algo de cariño. Creció en un hogar acomodado, materialmente tuvo casi todo lo que quiso menos lo más importante, que es la atención de sus padres, los cuales trabajaban muchas horas y, cuando ella regresaba de clase, pasaba parte del tiempo sola y otra parte con una chica a la que pagaban sus padres para ayudarle con los estudios. Cada vez que Ana encontraba a alguien que le prestaba algo de atención, la exprimía. Eso hizo por un tiempo con Andrea. Empezaron a conocerse cuando decidieron hacer juntas un trabajo de clase; a veces quedaban en casa de una y otras de la otra. En ese tiempo se fueron conociendo y Ana vio, por fin, la posibilidad de tener una amiga de verdad. Por unas semanas la cosa fue bien, pero todo empezó a estropearse cuando Ana hizo de Andrea el centro de su vida. Tenían que quedar todos los días, si alguno no podía ya se sentía mal y ya no digamos si se enteraba que Andrea había quedado con otra persona. La llamaba varias veces cada día, le enviaba mensajes al móvil y perdidas constantemente. Como os podéis imaginar, es muy difícil llevar una amistad así, de manera que cuanto más quería agarrarse a Andrea, más estaba provocando que ésta se distanciara, y el final no fue feliz, Andrea terminó por romper una relación de amistad que la estaba agobiando.

Una historia más, Ricardo —Richi para los amigos— comenzó a jugar con las drogas a los 15 años, y no fue por lo que es tan típico, lo de ir probando, los amigos que arrastran, etc., sino que para él empezó siendo una válvula de escape. Cada porro que se fumaba era como que le llevaba a pensar que era alguien, que hacía lo que le daba la gana, que no dependía de nadie, que era “feliz”. Fue la salida que encontró a la sensación de no ser nadie, por el rechazo que sentía desde que era niño a raíz de su aspecto físico, unos dientes mal formados y una nariz bastante pronunciada. Pero lo más grave fue, un par de años después, cuando probó la heroína y alguna otra cosa más, y… ¿sabéis qué fue lo que más le ataba a la droga? Pues el hecho de encontrar un grupo al que pertenecer. Ahora era alguien, un “drogadicto”, pero era alguien. ¡Qué fuerte! ¿No? El buscar ser alguien puede llevarnos a algo tan serio, tan grave como esto.

Otras alteraciones

Así que tener baja autoestima produce dificultades en las relaciones y alteraciones emocionales y conductuales que pueden conllevar gran gravedad. En ocasiones se pueden ver otros trastornos serios, como por ejemplo:

– Crisis de identidad. Hace referencia a no tener claro quién eres. La identidad responde a las preguntas: ¿quién soy? y ¿qué soy? Cuando no encontramos nuestro lugar, cuando no nos encontramos a nosotros mismos, estamos en crisis. En ocasiones, lo que se ve afectado es la identidad sexual (no tener claro ser hombre o mujer, interiormente hablando), sobre todo si ha habido alguna experiencia traumática.

– Alteraciones de personalidad. Pueden ser variadas: desde comportamientos extravagantes, hasta sentir que uno convive con dos personalidades distintas o sentir que los pensamientos que uno tiene no son suyos, sino que alguien desde afuera se los está metiendo. Es muy típico que uno sospeche que todos están hablando de él, o que le persiguen, etc.

– Trastornos alimenticios. Aquí entran los más conocidos, la anorexia y la bulimia. Personas con baja autoestima pueden usar la comida como una fuente de placer, que compense el no sentirse queridos o válidos; a eso le llamamos el “comer emocional”, porque se come para aliviar el sentimiento que producen emociones negativas, aunque, como puedes suponer, es un parche, ya que después uno se siente mucho peor. En el caso de la anorexia y la bulimia también hay un rechazo hacia uno mismo, una no aceptación del propio cuerpo, que lleva a maltratarlo y que te mete en un círculo vicioso del que es difícil salir e incrementa la insatisfacción que tienes contigo mismo.

– Adicciones: es bastante frecuente encontrar entre las personas que tienen algún tipo de adicción, que no se sienten valiosas. Muchas veces ese mismo sentimiento de no ser nadie, de no valer nada, les lleva a refugiarse en la sustancia o práctica dependiente. Y aquí podemos incluir desde el común consumo de porros, hasta la adicción al sexo. Es todo un riesgo que alguien, que se siente tan mal consigo mismo, busque la satisfacción en una conducta sexual desenfrenada, ya sea en la práctica de la masturbación, en ver pornografía o en tener relaciones sexuales con prácticas sádicas o masoquistas, con las consecuencias desastrosas que ello trae. El placer que puede suponer el alcohol, la marihuana o el sexo, nunca va a solucionar el verdadero problema, no conseguirá hacer que tengamos una mejor autoestima, más bien nos llevará a un autoengaño. El consumo de esas cosas nos lleva a la sensación de que valemos más, de que somos importantes pero nos desconecta de la realidad y, lo peor, nos deja esclavos, con sentimientos de impotencia, de culpa, de vergüenza, etc., y como resultado empeora nuestra autoestima.

Podríamos mencionar muchos más, pero lo que quiero poner en evidencia es la necesidad de tomarnos en serio el cuidar de nuestra autoestima y así prevenir que surjan complicaciones mayores como consecuencia de la falta de ella.

Esteban Figueirido. (tomado del libro “Me quiero, no me quiero”. Publicaciones Andamio)

Fuente: enterapiapsicologia.es

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