Yo puedo cambiar, aunque tú no cambies

Nadie es perfecto y eso lo sabemos todos, y aún cuando por momentos lleguemos a sentirnos satisfechos de nosotros mismos, siempre tendremos cosas que debemos cambiar. Quizá nos tornamos excesivos en algunos aspectos, que no son precisamente los mejores. Y tenemos la posibilidad de cambiar esas cosas que entorpecen nuestra felicidad, nos alejan de quien nos importa o simplemente nos hacen sentir insatisfechos de nosotros mismos. Hay una constante que se repite en las relaciones, que se convierte en muchos casos, en la causa principal por la que dan al traste muchas… Querer cambiar al otro.

¿Por qué no podemos cambiar a otra persona? Hay que establecer primero que, al menos que nos disguste esa persona, cuando integramos a alguien como parte de nuestra vida, la aceptamos con sus defectos y virtudes. Intentar convertir a alguien en una extensión de nuestra personalidad, es una forma de egoísmo en la que no cabe ni la verdadera amistad, ni el verdadero amor. Porque le reprochamos no ser como queremos que sea, o más claramente, no la queremos tal como es.

Pero cuando una persona nos importa y algunos de sus pequeños fallos entorpecen la relación, o le perjudican personalmente, es cuando no podemos ser indiferentes a la necesidad de un cambio. Pero antes de que te decidas a emprender una cruzada para cambiarle, tienes que asumir que por mucho que quieras ayudarle, tú no puedes cambiarle. Lo mismo sucede contigo mismo, si tienes aspectos que podrías cambiar para ser mejor persona, vivir mejor, o salir adelante; por mucho que te amen todos y trabajen para ayudarte, no lo lograrán si tú no decides cambiar por ti mismo. Tú cambias si deseas hacerlo, independientemente de lo que quieran o piensen los demás.

Ya que la voluntad de cambiar es algo que asumimos por nosotros mismos, debemos enfrentar el hecho de que acomodados en nuestros hábitos y vida, no es fácil abandonar ciertos hábitos, aunque lo deseemos debemos esforzarnos; pero no es imposible. Todo lo contrario, debemos asumirlo como una exigencia que debemos cumplir en aras de nuestra mejora personal, en lugar de someternos a grandes esfuerzos, debemos plantearnos ir paso a paso. ¿Estás dispuesto a cambiar?

Quizá habrá alguien que piense y decida que no tiene necesidad de cambiar nada en su vida. Eso suena prometedor pero es un tanto vano. Todos tenemos pequeñas y grandes aspectos que pueden mejorarse. El fin de nuestra vida no es acumular éxito y posesiones, el fin de nuestra vida, para que sea la experiencia satisfactoria que debe ser, es trabajar cada día en ser mejores a nivel personal, pulir nuestra personalidad, potenciar nuestras virtudes y mejorar nuestros fallos, y eso solo se logra cuando tú quieras cambiar.

Fuente: La mente es maravillosa

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