Niños emocionalmente sanos, adultos más felices

Muchos de nosotros conocemos al menos a una familia disfuncional, en la cual el diálogo respetuoso es casi inexistente, o quizás nosotros mismos formemos parte de un grupo familiar con esa característica… En estos casos, por ejemplo, los miembros de la familia se comunican entre sí a través de gritos, o con términos descalificadores, hay poca tolerancia o se impone la indiferencia cuando es el momento de escuchar otras opiniones.

Todas estas son descripciones comunes en personas que comparten un ambiente cargado de tensión, disgusto, incomprensión, etc.; en otras palabras, donde las emociones se gestionan de manera ineficiente.

Equilibrio interno

“Gestionar las emociones” tiene que ver con la capacidad de comprenderlas, aceptarlas y captar lo que nos transmiten. De este modo, las emociones representan una ayuda y no un conflicto o un obstáculo a la hora de perseguir nuestras metas en la vida.

Una persona con inteligencia emocional es capaz de mantenerse “en el eje” ante cualquier situación. No quiere decir que molestarse sea algo negativo, es normal que a veces sintamos enfado, pero la forma en que reaccionamos ante los eventos es lo que define si realmente tenemos control sobre nosotros mismos, o no.

Manejar una comunicación con el tono adecuado y ponernos en el lugar del otro son aspectos que debemos considerar, si queremos manifestar nuestra inteligencia emocional. Al comprender a los demás sintiéndonos en armonía con nosotros mismos, las “provocaciones” del mundo exterior llegarán, pero no necesariamente se convertirán en un problema que pueda salirse de nuestras manos.

Habilidades que se aprenden

Nadie duda que el papel de los padres en el crecimiento de sus hijos es primordial para su formación. Son ellos los primeros que nos presentan al mundo después de abrir nuestros ojos, los que guían ese proceso a través del cual aprendemos a percibir todo lo que nos rodea por medio de los sentidos y de nuestras facultades.

Por lo tanto, todo adulto debería ser capaz de desarrollar una inteligencia emocional que sirva de ejemplo – desde el núcleo familiar – para facilitar un desarrollo sano en los niños y para que sean capaces de potenciar sus propias habilidades. La estimulación y contención adecuadas durante esta primera etapa de la vida dará como resultado un futuro saludable a nivel físico, psicológico y emocional.

Cómo se expresa la inteligencia emocional en los niños

Todo esto dependerá de la edad del niño, por supuesto, pero a rasgos generales, podemos afirmar que existen ciertas “señales” que podrían indicar que tu hijo se encuentra desarrollando su inteligencia emocional en forma saludable. A continuación, algunos ejemplos de comportamiento en niños a quienes se ha “alimentado” su inteligencia emocional:

  • Tienden a relacionarse en forma espontánea y positiva con personas de cualquier edad.
  • Su expresión corporal proyecta felicidad y entusiasmo.
  • Están más dispuestos a “escuchar” y a considerar opciones u opiniones diferentes a las suyas.
  • Exterioriza sus sentimientos y expresa afectos en forma natural y espontánea.
  • Son respetuosos de los deseos y sentimientos de sus pares.
  • Saben “manejar” mejor su impulsividad.
  • Pueden resolver situaciones problemáticas con bastante facilidad (siempre y cuando estén a su alcance, por supuesto).
  • Es capaz de expresar e intercambiar ideas e incluso se atreve a disentir – en forma respetuosa – cuando no está de acuerdo.

Vale aclarar que cada niño es diferente, con sus propias características, pero si observas en tu hijo algunas de estas actitudes, puedes sentirte feliz y continuar el mismo camino que traes en su educación, pues dichos puntos son algunos de los indicadores de inteligencia emocional en la niñez. En caso contrario, quizás sea el momento de replantearte algunos aspectos dentro del seno familiar, pues algunas dinámicas vinculares podrían estar afectando ciertas áreas en el campo emocional de tus hijos.

¿Cuál es tu papel?

Si sientes que, como padre o madre, no lo has venido haciendo bien hasta ahora, es importante que no te auto-condenes. Todos nos equivocamos, pero también es cierto que todos podemos siempre aprender y mejorar. A través del reconocimiento e interés podemos llegar a rectificar, tomar acción y cosechar los frutos de nuestro esfuerzo.

Te sugerimos comenzar a practicar una comunicación sana, armándote de paciencia y voluntad para lograr un mayor acercamiento y armonía en la forma de comunicarse y relacionarse entre todos los miembros de la familia. Ten en cuenta que, al principio, los cambios pueden resultar un tanto difíciles y en el caso de que se observen grandes dificultades familiares, muy difíciles de manejar, siempre es recomendable consultar con un terapeuta calificado en la materia.

Los niños tienen derecho a crecer dentro de una familia donde reine el entendimiento y se le brinden herramientas como la inteligencia emocional que los capaciten para enfrentar cualquier situación que se les presente en la vida, por más complicada que sea, y para que, en definitiva, sean felices. Tomemos consciencia sobre esto, ya que si deseamos un mañana mejor para nuestros niños, es ahora cuando debemos involucrarnos.

Fuente: La mente es maravillosa

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