La culpa, uno de los mayores enemigos de la felicidad

Me siento culpable por todo, ¿Qué hago? Decía Concepción Arenal, una de las principales fundadoras de la acción social tal y como hoy la entendemos, que “cuando la culpa es de muchos, la culpa no es de nadie”.

Así quería dar a entender que el valor de la culpabilidad está principalmente ligado al marco cultural en el que nos encontramos y, en concreto, al valor moral en el que se nos ha educado. De hecho, antropólogos y sociólogos han propuesto numerosas hipótesis, de porqué la mujer parece más “condenada” a padecer culpa que el hombre, y porqué algunos hombres más que otros.Lo cierto es que las causas de ese sentimiento de culpa injustificado, está relacionado con una lucha entre los valores establecidos y la oposición con el propio sentido común, que empuja a actuar de una manera determinada.

Culpabilidad cultural: cómo evitarla

Aunque la culpabilidad es un sentimiento imprescindible para el buen funcionamiento de unos paradigmas sociales – evita comportamientos agresivos con personas en situación de vulnerabilidad, las injusticias de cualquier tipo -, al tratarse de una construcción cultural en base a las consecuencias morales propias o punitivas externas no es infalible, y en ocasiones puede darse, que los individuos que más sensibilidad muestran ante determinadas injusticias, sean manipuladas por otros para conseguir algo a sabiendas de que estas personas, tienen niveles muy altos de empatía a este respecto.

Las consecuencias pueden ser muy graves para la autoestima de quien padece esta culpabilidad cultural extrema, y tiene que ponerle freno inmediatamente. Estos son algunos de los procedimientos que el eterno culpable tiene que eliminar de su vida:

  • Adiós a las personas tóxicas: Estos individuos se aprovechan de este exceso de sensibilidad hacia le entorno para conseguir sus propios fines o bien para liberar parte de la frustración que las aqueja. Una persona con tendencia a sentirse culpable de manera irracional debe alejarse de estos sujetos que solo conseguirán que su estado de ansiedad aumente.
  • Ejercicios mentales de relativización del conflicto: Mediante esta técnica el usuario consistente en visualizar la situación desde un prisma externo, la persona conseguirá que estos problemas no se conviertan en un enorme conflicto en su mente. Si no es así, ese sentimiento de injusticia, de no estar haciendo lo suficiente y de frustración puede desembocar en estados neuróticos más graves.
  • Liberarse de responsabilidad: Así como Concepción Arenal exculpaba al individuo como único responsable de sus desgracias, el escritor Fiodor Dostoievski aseguraba que “es culpa mía, culpa mía personal, si el mundo va mal”. Este atormentado autor en cuyas obras se desvela un gran valor psicológico, dio con esta frase la clave principal para no sentirse culpable por todo. La persona aquejada de culpa constante debe aprender a aceptar el mundo tal como es independientemente de como quiera que sea.
  • Buscar causas en psicoterapia: Aunque en muchos casos no es necesario puesto que se puede acabar con la culpa cuando la persona se libera de esa responsabilidad que le ata al mundo, en algunos tiene su raíz en la pasada infancia pudiendo encontrarse conflictos sin resolver.

Fuente: La mente es maravillosa

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