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La amargura del arrepentimiento

Son pocas las personas que no se arrepientan de nada de lo acaecido en su vida, que no exista algún pequeño o gran aspecto que no desearan haber cambiado. Lamentablemente no disponemos hasta el momento de una máquina del tiempo con la que fijar a nuestro antojo una fecha determinada, un instante en particular para volver hacer las cosas, pero de otra forma.
Vivir es decidir cada día y en cada momento, es normal cometer errores, lo esencial es aprender de ellos y actuar en el futuro de un modo más acorde. Pero ¿qué pasa cuando vivimos con la amargura del arrepentimiento de forma constante? Esta, es una dimensión que quizá no está tan tratada dentro del mundo emocional en comparación con otras, como puede ser la tristeza, la rabia o el miedo. Veamos alguno de sus aspectos más distintivos.

ARREPENTIMIENTO, EL PUENTE ENTRE LA RAZÓN Y LA EMOCIÓN

Lo más ilustrativo sobre este sentimiento, es que no podríamos definirlo únicamente como una emoción interna, el arrepentimiento también se nutre de la razón. Es decir, el ser humano siente ese dolor porque ha hecho una valoración personal sobre un hecho del pasado, concluyendo que hubo un error. Se trata pues de una dimensión realmente compleja donde se entremezclan diversas emociones y una perspectiva razonal y, en ocasiones, hasta moral. Un juicio interno que casi siempre acaba desembocando con una sensación de malestar ante lo perdido, ante lo hecho o lo no hecho…

Pero, ¿Qué es lo que solemos lamentar? En ocasiones son actos voluntarios o involuntarios, cuando le hicimos daño a una determinada persona queriendo o sin querer, cuando dejamos perder aquella gran oportunidad que no nos atrevimos a realizar por indecisión, por miedo… Puede que hasta ese hecho del pasado no recaiga únicamente en tu responsabilidad, tal vez, otros también estén involucrados en lo ocurrido.

El arrepentimiento se alimenta pues de esa voz interna que se encarga de juzgarnos, de poner en una balanza esa perspectiva experiencial donde es habitual cometer errores. Y en ocasiones no hay peor verdugo que la propia conciencia, de ahí la necesidad de mantener el equilibrio. Entender que el arrepentimiento ya es un primer paso para el perdón. Puede que hasta un pequeño trampolín hacia la voluntad de querer solucionar algo si es posible. Y si realmente ya no es posible remediar ese hecho en sí, deberemos asumirlo desde una perspectiva integradora, para aprender de nuestros actos y seguir fluyendo por un camino más sabio.

¿ES POSIBLE ENCONTRAR ALIVIO?

Los psiquiatras nos explican que las personas que no logran aislar o integrar en su plano experiencial ese hecho del pasado, intensifican el arrepentimiento debido a un error muy característico: el de comparar ese hecho con sucesos alternativos. ¿Qué hubiera pasado si yo le hubiera dicho que sí a esa persona? ¿Qué sería de mí si me hubiera decidido a hacer aquello? ¿Y si hubiera sido un poco más valiente?

Todo ello no hace más que agravar aún más el sufrimiento emocional. Los estudios nos dicen además algo curioso: las personas lamentamos más los resultados negativos derivados de acciones realizadas, que las consecuencias por no haber hecho algo. Es decir duele más los actos de los que somos responsables y que han ocasionado dolor, que aquellos en las que habiendo tenido una oportunidad de hacer algo, no tuvimos las suficientes fuerzas de acometerlas. Y es comprensible.

Las cosas que ya no tienen solución deben asumirse, y no obsesionarnos continuamente en imaginar cómo sería nuestra vida si hubiéramos actuado de otro modo. La asunción, la integración y la aceptación, son indispensables para avanzar y encontrar nuestro equilibrio. Ahora bien, si tu arrepentimiento es por algo que no hiciste, algo que no dijiste… debes plantearte una sencilla pregunta ¿Aún cabe alguna posibilidad de solucionarlo? En ocasiones, el arrepentimiento es una puerta hacia una renovada motivación.

Nunca es tarde para abrirla de nuevo. 

Fuente: La mente e maravillosa

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Autor:

"No permitas que tus heridas te transformen en alguien que no eres" — Paulo Coelho

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