Ocho trucos para hacer amigos y mantenerlos cuando te haces mayor

amigosEn la infancia, es natural y relativamente sencillo hacer nuevos amigos. Es el momento en el que se establecen algunos de los lazos que se mantendrán durante toda la vida, si es que sabemos cómo conservar las amistades. Sin embargo, a medida que crecemos, nos damos cuenta de que resulta cada vez más complicado realizar nuevas incorporaciones a nuestro círculo personal más cercano.

Cierto es que compartimos fiestas y comidas con compañeros de trabajo, familiares lejanos, lo que es peor, gente cuyo tiempo sólo ocupamos por mero interés. ¿Dónde quedaron aquellas personas a las que recurriremos el día que necesitemos que nos echen una mano? ¿No será que ya no somos capaces de intimar con nadie porque no tratamos a ninguna persona como tal? Diversas investigaciones han intentado averiguar qué es lo que resulta decisivo para entablar una amistad con alguien y, por supuesto, se ha filosofado mucho al respecto.

Nos gusta pensar que compartir aficiones, tener características emocionales parecidas o ver el mundo de una manera similar es lo que decide si seremos amigos de una persona u otra, pero la realidad es mucho más pragmática. Como puso de manifiesto un estudio realizado en la Universidad de Michigan, lo más importante en la adolescencia para hacer más o menos amigos es elegir unos cursos u otros durante tu etapa en el instituto. Una prevalencia de la cercanía que también explicaría por qué al final terminamos haciéndonos amigos de aquellos con los que pasamos más tiempo, incluso cuando superamos los cincuenta.

Algunos libros como Friendfluence: the Surprising Ways Friends Makes Us who We Are (Anchor) de Carlin Flora o Friendships Just Don’t Happen! The Guide to Creating a Meaningful Circle of GirlFriends (Turner Publishing Company) de Shasta Nelson, más centrado en el mundo femenino, se proponen averiguar y definir en qué consisten las amistades en la mediana edad. A continuación presentamos algunos de estos factores esenciales para conservar los amigos cuando ya no nos vemos a diario en un aula.

  • Comparte secretos

Existe una corriente psicológica que defiende que, tanto en el amor como en la amistad, resulta esencial el acto de sinceramiento ante los demás para establecer una relación. Como ponía de manifiesto una investigación realizada en el Hannover College, contar nuestros pensamientos más íntimos a otra persona se correlaciona con la probabilidad de considerar a esta como una gran amiga.

  • Pasen tiempo juntos

El antropólogo Daniel Hruschka explica en Friendship. Development, Ecology and Evolution of a Relationship (University of California Press) que lo que a nosotros nos parece consustancial a la amistad, como el hecho de revelar nuestros secretos, sin embargo, no es universal. A través de su larga experiencia investigando esta clase de lazos, el investigador identificó aquello que suele repetirse con una mayor frecuencia: el compromiso de pasar tiempo juntos y de sacrificar ciertas actividades por verse con aquellos que se consideran amigos.

  • Ve poco a poco

El profesor de neurociencia social Arthur Aron, especializado en relaciones personales, se propuso averiguar de qué manera se desarrollaban las amistades, y se dio cuenta de que aunque sincerarse ante los demás es vital para conformar una relación, también lo es que esto se realice de forma progresiva. En un experimento que llevó a cabo, si el proceso de confesión se producía gradualmente, era más probable que finalmente las personas implicadas en él terminasen intercambiando sus números de teléfono.

  • Protege su reputación

Unos investigadores australianos intentaron descubrir lo que realmente daba lugar a las relaciones personales entre delfines, primates y humanos, y llegaron a la conclusión de que las de estos últimos no vienen definidos por la reciprocidad y la igualdad, como tantas veces se ha pensado. Por el contrario, es una cuestión “política”, como la denominan en el artículo: la amistad sirve para conformar un grupo social que te respaldará en caso de conflicto con otro grupo. La amistad tendría como objetivo, por lo tanto, conformar un mecanismo estratégico ante eventuales dificultades, por lo que nos haremos amigos de aquellos que apoyen nuestro punto de vista y nuestros intereses.

  • Mantente cerca

La mera proximidad física también puede ayudarnos a reforzar nuestros lazos con los que nos rodean. La llamada “teoría de la proximidad”, aplicada a la amistad, recuerda, tal y como ocurría con los amigos de colegio anteriormente citados, que la cercanía geográfica sigue siendo decisiva a la hora de profundizar en una relación con alguien. Aunque habrá quien argumente que internet ha permitido derribar estas barreras físicas, lo cierto es que la mera exposición a un estímulo (es decir, a determinada persona) puede hacer que acabemos por simpatizar con ella.

  • Parécete a los demás

Nos gusta acercarnos a los que más se nos parecen, pero no sólo emocional o intelectualmente. Según puso de manifiesto una investigación realizada en la Universidad de Waterloo, en Ontario, los humanos tienen la tendencia a sentarse al lado de aquellas personas que se les parecen físicamente, puesto que nos sentimos más a gusto con ellos, lo que suele conducir a establecer más amistades con nuestros semejantes.

  • Ten un ADN similar

Turbador, pero cierto: según un estudio realizado por Nicholas Christakis en la Universidad de Yale, que se basó en el estudio genético de 2000 personas, las personas que comparten un ADN parecido tienen más probabilidades de establecer una relación de amistad. La explicación que sugería el investigador es que cada persona persigue situaciones que sean compatibles con su fenotipo. “Si una persona hace un fuego porque siente frío en las mismas circunstancias que otra persona, es probable que ambos se beneficien”, explicaba Christakis.

  • Sé agradable

La psicología y la sociología no sólo se dedican a averiguar lo que no sabemos, sino también, a refrendar aquello de lo que estamos seguros pero de lo que no tenemos datos contantes y sonantes. Como defendió una investigación liderada por Sonja Lyubomirski, solemos preferir a aquellas personas que son agradables con nosotros y que nos aceptan como un igual.

Fuente: Diario El Confidencial

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