Las cartas: un recurso útil para sanar (I)

escribir sanaTenemos varias modalidades:

Carta a sí mismos, a otra persona o al propio problema

La carta dirigida a uno mismo es de mucho valor. Recuerdo gratamente una actividad en la que participé en el contexto de campamentos de verano, en la cual se nos pedía que nos auto-escribiésemos una carta para decirnos algo relacionado con la experiencia que habíamos vivido, incluyendo metas para nuestra vida, propuestas de cambio, etc. y debíamos meterla en un sobre, luego alguien la recogería y nos la enviaría meses después. Era muy enriquecedor recibirla posteriormente, volviendo a reflexionar sobre lo aprendido y haciendo evaluación de las metas que nos habíamos planteado.

Uno puede dirigir la carta hacia sí mismo, diciéndose cosas que necesita oír, aspectos positivos que nos refuerzan, aspectos negativos que corregir, quizá una carta para perdonarnos a nosotros mismos…

Haz la prueba, toma un tiempo ahora, coge papel y bolígrafo y escríbete a ti mismo. Pon por escrito tus pensamientos, tus sentimientos, escribe como si lo hicieses a tu mejor amigo o amiga, ya que aunque ni tu mismo te conozcas del todo, te conoces más que nadie. Tal vez en estos momentos necesitas poner palabras de ánimo, de reconocimiento; valorar lo que eres, lo que haces; o quizá necesitas decirte cuánto te quieres, o lo que deseas quererte; o a lo mejor necesitas llamarte la atención por algo que sabes que no has hecho bien, o que no estás haciendo bien y que deberías cambiar… ¡Comienza tu carta!

La carta mas clásica es la dirigida a otro persona, entonces podemos escribir una carta de reconciliación, una carta que incluya el perdón a la vez que la expresión de los sentimientos heridos. A veces uno está tan herido, y siente tanta rabia que puede ser necesario escribir dos cartas, una dirigida a la expresión de todos los sentimientos negativos que uno tiene -podría llamarse “la carta de desahogo”- y otra para ofrecer el perdón. Puede que entre una y otra tenga que pasar tiempo, ya que el perdón es un proceso. Y tras escribirlas uno va a decidir si lo conveniente es enviarla, guardarla o hacer algún ritual como veremos mas adelante.

Como más novedoso es el hecho de escribir una carta dirigida al propio problema. Imagínate que estás en lucha con la ansiedad, pues puedes escribirle para decirle que estás harto o harta de lo que te está haciendo, que no la aguantas más, que vas a tomar medidas para que te deje en paz; o a lo mejor le vas a escribir como una de mis pacientes hizo, para aceptar el hecho de que tienes que convivir con ella, y escribió: “A mi amiga la ansiedad”

Carta para vivos o para muertos

Las cartas dirigidas a las personas, pueden ser tanto a vivas como a muertas. La posibilidad de escribir a personas que han fallecido es de mucha utilidad cuando se realiza un duelo, en ese período de despedida, sobre todo si no pudo haber una despedida en vida, en condiciones. Así uno puede ir elaborando el duelo, y quizá pueden ser varias cartas, pero se llegará a una que simbolizará el “dejar marchar” al que falleció, decirle “Adiós”, aunque la relación con él o con ella continúe de otra manera. En esa carta se incluyen recuerdos, se expresan sentimientos, ya sean positivos como negativos, se puede pedir perdón o perdonar, con la posibilidad de zanjar asuntos que quedaron pendientes.

Hagamos otro alto en el camino… ¿detectas algo referente a alguien cercano que ha fallecido y que está sin resolver? ¿o alguien que te ha hecho un daño y sabes que está ahí guardado, en forma de herida, con sus consecuencias?…

¿Estás dispuesto o dispuesta a escribir? Si es así, coge papel, lápiz, goma y sobre todo un buen número de pañuelos. Quizá sea el momento de traer a tu mente a alguien que quisieras decirle algo, y que no está accesible, ya sea porque está lejos, o porque deliberadamente no quieras verle, o porque ha fallecido. Escribe para liberarte de esa carga.

Carta que se entrega o forma parte de un ritual

Como decía más arriba, otra cosa es decidir qué se quiere hacer con ella. Algunas personas quieren entregarla directamente, por correo o a través de un intermediario. No es mala idea, ya que puede que ante esa carta se pueda recibir una aclaración y dar paso a una posible restauración de la relación, pero hay que estar preparados para recibir cualquier respuesta; podría ser que la persona no responda, o responda negativamente, reafirmándose en lo que hizo, o atacándonos mas, etc. Así que si se decide eso hay que estar dispuesto a asumir las consecuencias que vengan.

Otra posibilidad es guardarla, en algún sitio especial, alguna cajita acompañada de otras cosas relacionadas, en el desván, entre las páginas de un libro, en un jarrón o botella…

Otras personas deciden enterrarla, como símbolo de querer olvidar o zanjar el tema, es como que: “ese tema va a morir”. En un caso que tuve, eso fue lo que hizo la persona, enterrar la carta junto a una serie de fotos y otros detalles, para dar por terminada una relación de pareja, que aunque su novio la había dejado hacía varios meses, ella todavía seguía enganchada a esa relación.

Otro ejemplo es quemarla, usando todo el simbolismo que tiene el fuego como elemento purificador. En el caso de una persona que había sido abusada, tras escribir su carta al abusador, decidió quemarla, no quería que quedara rastro de eso, y necesitaba purificar todo eso que sentía como sucio y que le hacía sentirse culpable.

Y un ejemplo más, entre las muchas formas que se podrían desarrollar según la creatividad de cada uno, consiste en lanzarla al mar, o al río, o desde lo alto de una montaña. Esto fue lo que hizo Rosa, la llamaremos así, quien tenía un sentimiento herido por una amiga que la había dejado de lado, y no había sabido estar ahí en un momento duro de su vida. Así que decidió escribirle, expresarle todo lo que sentía, lo que le había dolido su actitud, pero también como la echaba de menos, y cuando llegó el momento y pudo hacerlo, entonces escribió que la perdonaba. Rosa no quiso entregársela, ya solo con escribirla se sintió liberada, lloró mucho, la hizo por etapas, pero notó que eso que pensaba que estaba olvidado y que ya no le dolía, estaba ahí, y necesitaba descargarlo. Después planteamos que quería hacer con la carta, y se propuso ir a un determinado puente y echarla al mar. Simbolizaba dejarla ir, al fin asumir que esa relación con su mejor amiga no iba a volver, y con el mar se marchaba no solo esa posibilidad sino también toda la pena, todo el dolor… Rosa notó cómo todo este proceso le ayudó a sanar ese tema que tenía pendiente y que le estaba afectando a su vida.

… continuará…

Fuente: enterapia psicología / Esteban Figueirido

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1 comentario

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