Las cartas: un recurso útil para sanar (II)

cartasCarta de desahogo por el daño y carta del perdón

Según los ejemplos que puse en los apartados anteriores podemos ver que las cartas pueden tener diversos objetivos, y entre ellos está la posibilidad de desahogarse, de decir cosas que de otra manera no diríamos, cosas que nos duelen, que están ahí dentro. Lo recomendable es hacerlo de manera asertiva, aunque a veces hay tanto dolor que uno necesita escribir con insultos, con palabras y frases fuertes. Pienso en aquel que ha sufrido una infidelidad, o el que se está quedando sin vida por una adicción, o el que tiene una enfermedad crónica, o una degenerativa… a todo ello puedes escribirle una carta, y me imagino que las primeras palabras que salgan no van a ser muy “educadas”, y puede ser bueno. El proceso debe incluir un desahogo fuerte de las emociones negativas que uno experimenta, una negociación de cara a resolver el tema, ya sea de aceptación (porque no queda remedio de vivir con ello), o de propuesta de superación. En algunos casos habrá que amenazar y así reforzar el proceso de externalización, ya que si te das cuenta, escribir una carta al problema ayuda a externalizarlo, se le personifica. Finalmente hay que llegar a perdonar según sea el caso.

Si la carta va dirigida hacia alguien concreto, una manera asertiva de hacerlo es:

El perdón nos libera, el primer beneficiado es el que perdona, y hemos de superar los mitos que solemos tener y que hacen que no podamos o queramos hacerlo. Aprovecho para mencionar al respecto lo que Gary Rosberg nos plantea en su libro[1], donde desarrolla el proceso del perdón.

Según este autor a veces no perdonamos porque pensamos que “perdonar es olvidar”, y cae de cajón que eso es imposible. Podemos no tener en cuenta el tema pero olvidarlo no, o si lo olvidamos será por un mecanismo de nuestro cerebro no por nuestra voluntad. Uno no decide qué olvidar, en sí mismo eso es paradójico, ya que cuanto mas quieras hacer para olvidar menos lo olvidarás.

Otro mito es pensar que “perdonar es imposible”, sobre todo cuando el dolor, o la traición fueron grandes. Eso no es verdad, si yo decido no perdonar entonces se hará imposible, pero si decido perdonar, aunque me lleve años, algún día se hará realidad.

Otro obstáculo que nos encontramos, es cuando ponemos como condición que: “solo perdono si se arrepiente sinceramente”, y es un gran obstáculo, porque lo primero es ver como evaluar que un arrepentimiento es sincero, es un arma de doble filo. Además con esa actitud nos sentenciamos a estar enganchados a ese tema de por vida, hasta que el otro mueva pieza, por lo tanto nos perjudicamos a nosotros mismos. En la historia bíblica del “hijo pródigo”, este chico que marchó de casa pidiendo la herencia a su padre y malgastándola, cuando decide regresar, antes de que pida perdón a su padre, éste le recibe con los brazos abiertos, ya le había perdonado antes de escuchar las palabras de perdón o comprobar si había un arrepentimiento sincero. Esa actitud es la más sana.

A menudo también oigo que uno no va a perdonar porque piensa que: “si perdono tendré que actuar como si nada hubiese pasado”, y eso no es así. Las cosas van a cambiar. El perdón es para saldar un asunto pendiente, es para sanar las heridas, pero eso no significa que las cosas volverán a ser como antes, como si nada hubiese pasado. He visto a una mujer perdonar las infidelidades de su marido, pero tomó la decisión lícita y recomendable de separarse. Le perdonó, pero la relación cambió. ¿Entiendes este punto?. Creo que es muy importante porque es un gran freno para avanzar en el perdón. Hay personas que después de reconciliarse, vuelven a recuperar la relación de antes, otras hasta pasan a tener una mejor relación, pero otras tienen que mantener una distancia sana, unos límites que les protegen para no volver a hacerse daño.

Por último nos encontramos con algo que no ayuda nada, y son las prisas, “¡hay que perdonar ya!”. A veces nos equivocamos con los niños cuando les forzamos a que recién acabada la pelea con sus hermanos o con otros niños, vayan les perdonen o pidan perdón, se den un besito y “santas pascuas”. Con las emociones no se puede tratar así. En ocasiones no pasará nada porque serán tonterías, pero otras veces hay mucho dolor, el perdón requiere su tiempo, uno tiene que tomar la decisión voluntaria de hacerlo. No se puede forzar a perdonar, esto ha de ocurrir cuando uno esté preparado. En este sentido podemos encontrar al que podrá perdonar al minuto después, o al día siguiente, o al mes siguiente, o el que está en un proceso que de alguna forma puede durar años. Y hay que respetarlo.

Cartas de despedida

Por último y también mencionado en ejemplos anteriores, tenemos las llamadas cartas de despedida. Pueden ir dirigidas como hemos visto hacia un ser querido que ha fallecido o que está falleciendo, pero también pueden ir hacia nuestra salud, como una despedida de la misma a lo largo de un proceso de enfermedad. En casos en los que se ha amputado alguna parte del cuerpo, es muy útil poder realizar una despedida de algún tipo, ya que se sufre un duelo similar al de la pérdida de una persona. Una mujer que fue operada de un pecho se benefició de este proceso de despedida de esa parte de su cuerpo, aunque la cirugía hace milagros, ese pecho no volvería a ser como antes, ya no era “su pecho”, y necesitó despedirse del propio, para aceptar su nueva situación, aceptar la pérdida y avanzar en el duelo.

En los casos de aborto, dado lo doloroso que es, ya sea inducido o espontáneo, se intenta pasar página lo antes posible, para no pensar en ello, para sentir que eso nunca ocurrió. Pero la realidad es que está ahí, y en cualquier momento viene a la mente acompañado de un montón de emociones que uno intenta controlar, disimular, negar… pero ¡existen! y nos recuerda que aquello no está del todo resuelto. Por eso se recomienda hacer el funeral si es posible, aunque sea a título íntimo, familiar. Depende de lo avanzado del embarazo así puede ser más o menos necesario, y de la vivencia de la madre o del tipo de aborto que fuese.

Varias mujeres se han beneficiado de un sencillo ritual para despedirse del que “nunca nació”, pero que de alguna forma formó parte de su vida, y es algo que sólo ellas pueden saber. Algunas no han vuelto a sonreír hasta que han conseguido decirle adiós, dejarle marchar, pedirle perdón para liberar cualquier sentimiento de culpabilidad, y perdonarse a sí mismas, aunque en muchos casos no tengan culpa de nada, pero se sienten así. Es fácil decirle a alguien que no tiene la culpa de algo, que no se culpe, pero en mi experiencia he encontrado que no se le ayuda a una persona hasta que se acepta que tiene sentimientos de culpa, ya sea de una culpa real, injusta, inventada o patológica, pero sienten esa culpa, y una emoción así necesita una salida que va mas allá de la racionalización. Las cartas son una buena ayuda para eso, una carta hacia el “bebé no nacido”, una carta hacia una misma, una carta hacia personas que influyeron negativamente, a personas que han hecho daño… Las cartas ayudan a canalizar emociones, nos ayudan a encajar ciertas cosas, nos liberan de cargas que no tenemos porque llevar.

Lee la primera parte: Las cartas: un recurso útil para sanar (I)

Tomado del libro: “Familias creativas y eficaces”. Editorial Andamio.

[1] Gary Rosberg. “Escoja amar de nuevo”. Miami, USA. Ed. Unilit, 1996.

Fuente: enterapia Psicología / Esteban Figueirido

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