Aprender a perdonar: todo un desafío

perdonar“Perdono, pero no olvido. Entonces, ¿perdonas?”

Basta decir la palabra “Perdonar” y la reacción de algunas personas es inmediata: “¿Estás de broma?”, “¡Jamás!”, o “¿Perdonarla después de lo que me ha hecho?”, o incluso “¡Ojalá pudiera!”. A veces es posible que la sola idea de perdonar intensifique los sentimientos de cólera y rabia. Otras veces puede que la idea produzca un alivio inmediato.

Creo que nadie desea realmente vivir con rabia, rencor, vergüenza ni culpa. Sin embargo, la mayoría de nosotros no ha conocido el perdón como opción factible. No se nos ha enseñado a perdonarnos a nosotros mismos ni a perdonar a los demás.

Las personas que se pierden en la rabia, el rencor, la culpa y la vergüenza se estancan emocionalmente y pierden fuerza. Viven con una fuga enorme y constante de energía. En mi trabajo como psicóloga en nuestro centro de Psicología, en Valencia, compruebo a diario el impacto negativo de los sentimientos de rencor y de culpa en el nivel de estrés y en la salud física.  Aprender a perdonar se convierte en el reto de muchas terapias.

El desafío del perdón

En nuestro trabajo como psicólogos, enseñar a perdonar implica apelar a la razón, a los instintos y a las emociones.

Te propongo un ejercicio. ¿Te animas? ¿Sí? Entonces, tómate unos minutos y fíjate en qué te evoca la idea de perdonar a alguien. Trae a tu mente a una persona a quien consideres causa de algún sufrimiento personal. Te invito ahora a hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Cómo te sientes ante la idea de perdonarla?
  • ¿Qué significa para ti perdonarla?
  • ¿Qué tendrías que hacer para perdonarla?

¿Adivino lo que estás pensando? Algo así como: “¡Uf!”, “¡Menudas preguntitas me haces!”.

Aprender a perdonar es desafiar nuestras ideas preconcebidas sobre el perdón. Todos tenemos un conjunto de ideas sobre el perdón, ideas que van acompañadas de sentimientos que las mantienen firmemente arraigadas en nuestra cabeza. Según sea nuestro concepto del perdón, éste puede posibilitar dos cosas:

  • Reducir y/o eliminar nuestra capacidad para la alegría.
  • Animarnos y ofrecernos una manera de dejar atrás el pasado y ser libres para vivir con mayor paz y felicidad.

Por tanto, lo que creemos sobre el perdón nos abre o cierras puertas e influye profundamente en el tono emocional de nuestras vidas.

Aprender a perdonar

Independientemente de cuál sea nuestra historia única y especial, el perdón contiene en sí mismo el bienestar que todos anhelamos. Nos libera del poder que ejercen sobre nosotros las actitudes y los actos de otras personas. Todo el rencor del mundo vale muy poco si nuestro rencor sigue creciendo casa vez que el comportamiento de un desconocido nos recuerda nuestras relacionadas resentidas.

Cuando perdonamos, nos descargamos de la confusión emocional y somos capaces de seguir adelante sintiéndonos mejor con nosotros mismos, con los demás y con la vida. Cuando perdonamos, siempre se transforma nuestra vida. El perdón hondo, profundo y auténtico es como un punto y aparte. Con él, se nos ofrece un nuevo comienzo con nosotros mismos y con el mundo.

Aprender a perdonar conlleva realizar un cambio de percepción, descubrir otra manera de considerar a las personas y circunstancias que creemos que nos han causado dolor y sufrimiento.

Fuente: Centro de Psicología López de Fez

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