Esta forma de pensar te amarga la vida

amargarte¡Pero mira que resulta fácil amargarnos la existencia!. Y no, no son las situaciones que vivimos ni las personas que nos rodean las que realmente nos deprimen, nos enfadan y nos generan ansiedad, sino nuestra interpretación ante esas circunstancias.

Somos responsables de Todos nuestros Pensamientos. Algunos son nefastos y sólo nos provocan dolor y sufrimiento, y a pesar de ello les hemos hecho un hueco en nuestra vida y los hemos convertido en compañeros habituales de nuestro día a día a fuerza de repetírnoslos.

En Psicología los llamamos Pensamientos Distorsionados pues lo que hacen es precisamente eso, deformar la realidad y hacer que nos equivoquemos al interpretar las cosas que nos pasan. Y lo peor es que tienen el poder de amargarnos la existencia con sólo darse una vuelta por nuestra cabeza.

Aquí tienes el Top Ten de los Pensamientos cuyo único objetivo es amargarte la vida:

1. Los radicales gemelos “Siempre…”, “Nunca…” y sus primos hermanos “Todo…” y “Nada…. Son los que te hacen traducir lo que te ocurre en términos extremistas (“Nunca me sale nada bien”, “Siempre que intento arreglarlo contigo meto la pata”, “Nada de lo que hago te importa”). Calificas tu vida como blanca o negra y te olvidas de que existe toda una paleta de colores.

2. El irresistible “No puedo dejar de pensar en…” y su equivalente “Es terrible y no lo puedo soportar”. Es la preocupación por excelencia. La que aparece nada más abrir el ojo por la mañana y lo último en lo que piensas antes de dormir. Es esa preocupación constante que en realidad no te lleva a ningún lado ni te ayuda a encontrar soluciones sino que únicamente te bloquea y te hace estar cada vez más agotada/o.

3. El perezoso y cobarde “Ya lo haré mañana, ahora no es el momento. Este pensamiento es el que te hace huir de tus problemas y te impide darte cuenta de que cuando más tratas de escapar de ellos más grandes y fuertes se hacen y más miedo dan.

4. El adivino “Ni te molestes en decírmelo, sé perfectamente lo que piensas. Te conozco como si te hubiese parido. Es cuando das por seguro que sabes exactamente lo que va a decir y a hacer otra persona y terminas actuando en consecuencia, incluso hasta cuando te equivocas. En ocasiones este pensamiento aficionado a predecir el futuro provoca con sus artimañas que la profecía se cumpla (como cuando piensas que tu pareja va a estar poco receptiva y eso te enfada y dejas de estar pendiente de ella y de mostrarte cariñoso/a con lo que tu pareja efectivamente reacciona manteniendo las distancias).

5. La sociedad formada por los “Debería de…” y “Tendrías que…”. A estos dos hay que atarlos bien corto porque son especialmente destructivos con su gran habilidad para atormentar tu estado de ánimo. Son esos que te hacen tener unas exigencias desmedidas acerca de ti mismo/a, de otras personas, de tu vida y del mundo.

6. El quejumbroso y lastimero “Esto es injusto, ¿por qué a mí?”. Es el que te impide reconocer que las situaciones son las que son y lo único que sirve es cambiar aquello que depende sólo de ti y aceptar el resto de circunstancias que no se puedan cambiar.

7. El necesitado y pedigüeño “No puedo estar sola/o, es terrible que me rechacen. Este ladrón de cariño sano es el responsable de que no te des cuenta de que, aunque es agradable caerle bien a los demás, esto no significa que lo necesites. Que es imposible gustarle a todo el mundo igual que a ti no te gustan todas las personas (¡y no pasa nada!).

8. No podía falta en esta lista de amargamientos pensantes el archiconocido “Eres un/a…” o “Soy un/a…” y un adjetivo negativo detrás. Es cuando haces una descripción global de ti mism@ o de otra persona en negativo a partir de una circunstancia puntual. Es una etiqueta negativa que confunde el “Ser” con el “Hacer” y produce mucha frustración y resentimiento (como cuando a tu hermano se le cala el coche porque hace poco que se ha sacado el carnet y le dices “Qué torpe eres”).

9. El gatillo veloz “Si estoy mal es porque mi vida es un asco”. Es el que hace que interpretes tu estado de ánimo de un momento determinado como una verdad absoluta y que afecta a todas las áreas de tu vida. Este pensamiento conlleva una terrible consecuencia: la resignación. Se da por hecho que determinadas cosas son así y que por tanto no se puede hacer nada por cambiarlas.

10. He dejado en último lugar a uno de mis pensamientos amargantes favoritos, pues reconozco que es uno de los que más me gusta desmontar cuando aparece. Es el resignado “No puedo cambiar” y sus análogos “Siempre he sido así”, “Es mi carácter, no se puede hacer nada contra eso” y “A estas alturas no pretenderás que cambie, ¿verdad?”. Él solito se encarga de impedirte ver que nuestra forma de ser es en gran parte aprendida por lo que puede reaprenderse, y que además vivimos en constante aprendizaje hasta el últimos de nuestros días por lo que nunca es demasiado tarde para cambiar. Además no te deja darte cuenta de que lo que pasó ayer no tiene por qué condicionar tu presente ni tu futuro

Pistas

  • Para aprender a controlar tu malestar lo primero que tienes que aprender es a detectar los pensamientos que lo provocan.
  • Te propongo un ejercicio para comprobar cómo aparecen estos pensamientos: Piensa en una situación que te cause algún tipo de emoción desagradable y escribe todo lo que te dices a ti mismo/a en esa situación (literalmente). A continuación, y ayudándote de la lista de Pensamientos Distorsionados Amargantes que has leído, trata de identificar si aparecen algunos de estos ladrones de bienestar rondando por tu mente.

Idea Clave

Tus pensamientos son sólo tuyos y son tu responsabilidad puesto que no surgen de la nada sino que los creas tú. Tu estado de ánimo depende principalmente de ellos así que tú mismo/a eres tu principal fuente de Malestar o de Bienestar. La buena noticia es que tienes la capacidad de modificarlos y sustituirlos por otros más realistas, objetivos y beneficiosos para tu equilibrio emocional y para tu bienestar psicológico.

Fuente: Psicología Aplicada y Práctica / Martha Cañeque

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