Como papel arrugado

papel arrugadoMi carácter impulsivo, cuando era niño, me hacía reventar de cólera a la menor provocación que sufría. La mayor parte de las veces, después de uno de éstos incidentes, me sentía avergonzado y me esforzaba por consolar a quien había dañado tan duramente con mi comportamiento y mis palabras.

Un día mi padre, que me vio solo y triste en un rincón, me preguntó: ¿Qué te ocurre? Yo le expliqué que había gritado a un compañero de clase y que, cuando le pedí perdón, él no aceptó mis disculpas, ya no quería ser mi amigo. Mi padre me llevó a su despacho, me entregó una hoja de papel liso, y me dijo:

– Toma este papel y estrújalo todo lo fuerte que puedas hasta formar una pelota de papel.
– Asombrado, obedecí e hice con la hoja de papel una bola apretada.
– Ahora, estíralo y vuelve a dejarlo como estaba.

Por supuesto, no pude hacerlo. Por más que lo intenté alisar, el papel quedó lleno de arrugas y pliegues.

– El corazón de las personas -me dijo mi padre-, es como este papel. La impresión que dejas en ellos tras tus estallidos de ira queda tan grabada que es difícil volver a dejar el corazón como estaba.

Desde entonces, cuando lo necesito, arrugo un papel.

Extraído del libro Cuentos con alma.
Rosario Gómez (Gaia Ediciones)

Fuente: Psicología Práctica

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