El coste de culpar a los padres

generations-462134_1280-1024x483El enfado hacia los padres se encuentra todavía en el corazón de gran cantidad de terapias. ¿Ha ido este enfoque demasiado lejos? Veamos cual es el coste de culpar a los padres.

Al final del siglo 19, Freud teorizó que, al igual que el mítico rey griego de Tebas, un niño inconscientemente quiere matar a su padre para poder tener relaciones sexuales con su madre. Freud creía que una de las principales funciones del psicoanálisis era traer a la conciencia ese enfado hacia el padre, y que eso liberaría al cliente de sus síntomas.

Hoy en día, sólo una minoría de los psicoterapeutas creen todavía en el carácter central del complejo de Edipo o de su versión femenina, Electra, la mujer mitológica hecha famosa por Sófocles y Eurípides por planear la venganza contra su madre. Sin embargo, el enfoque basado en la ira hacia uno de los padres se encuentra todavía en el corazón de muchas psicoterapias orientadas al insight (palabra inglesa que nadie sabe traducir realmente y vendría a equivaler a tomar conciencia o darse cuenta).

Los psicólogos e investigadores de algunas corrientes creen que el énfasis en el apoyo a la ira y a la culpa de los padres es un problema en la psicoterapia de hoy y en la cultura en general. El hecho de validar sentimientos y percepciones puede ser un paso útil y hasta necesario para de sanar una infancia difícil. Aprender a pasar de la auto-culpa a un enfado con nuestros padres puede ser un segundo paso útil.

Lo que preocupa, basándose en la investigación sobre el apego en las relaciones familiares, ya que abarca varias generaciones, es cómo el hecho de quedarse en este segundo paso puede empeorar la relación con los padres y perjudicar los intereses a largo plazo de la persona y la familia extensa.

Un nuevo marco terapéutico para responder a la ira de los hijos mayores de edad hacia sus padres puede ser más beneficioso al largo plazo, para el hijo adulto, sus padres, y los nietos. Se necesita el mismo marco nuevo para aquellos de nosotros, clientes o no, que mantenemos firmemente la idea de que los padres tienen la culpa de muchas dificultades psicológicas.

El objetivo aquí es describir algunos descubrimientos de la teoría del apego que pueden ayudar a los terapeutas, clientes, y otros a entender por qué puede ser útil ir más allá de ira contra nuestros padres. No se están sugiriendo las estrategias tan populares de “dejarlo ir y seguir adelante” o “perdonar” por muy útiles que puedan ser. Más bien, se argumenta el valor de llegar a una comprensión más completa de por qué nuestros padres se comportaron como lo hicieron, de modo que podamos evitar ser atrapados en los viejos patrones y repetir pautas de relación dolorosas en la siguiente generación.

La ira y el apego entre generaciones

Uno de los mayores peligros de albergar sentimientos crónicos de ira hacia un padre no reside simplemente en lo que se refiere a la relación entre nosotros y nuestros padres, sino a la forma en que podrían afectar a nuestras relaciones con una pareja o nuestros hijos.

Diversos estudios apoyan las teorías de John Bowlby, quien argumentó que los bebés o niños pequeños que nunca se sintieron unidos de forma segura a uno o ambos padres pueden llevar inseguridades profundamente arraigadas en la edad adulta acerca de si merecen ser amados o alimentado. Esta inseguridad puede tener un profundo impacto en la capacidad de esa persona para amar y pa/maternar. En otras palabras, la oportunidad de estar firmemente apoyado en la infancia no sólo afecta a los sentimientos de seguridad y el bienestar de esa personita, sino su capacidad en el futuro para fomentar un apego seguro en sus propios descendientes.

En sus estudios familiares longitudinales, Coleman, Cowan y Cowan se fijaron en las historias de apego de los padres y después en cómo los profesores describían el comportamiento de sus hijos en la escuela. Encontraron que los niños con padres cuya relación podría caracterizarse como insegura en relación con sus padres (los abuelos) eran más propensos a estar enojados y agresivos con sus compañeros, o tímidos, retraídos, ansiosos o deprimidos o enojados y ansiosos. También eran menos propensos a desempeñarse bien académicamente. ¿Cómo ocurre esto?

La investigación de estos autores demuestra que un apego inseguro parece resultar en niños y, más tarde, en adultos que tienen dificultad para controlar o modular sus emociones, saber cómo calmarse a sí mismos cuando están angustiados, o para tener una sensación relajada y de confianza con los demás y esto, a su vez, se refleja en lo que se observa en sus relaciones con sus parejas e hijos. Los padres a menudo eran incapaces de ver sus propias contribuciones a la angustia y el conflicto en sus relaciones clave. Con toda probabilidad estas dificultades surgen de no haber tenido un pa/maternaje nutricio, no sentirse digno de ser amado, y no aprender a aceptarse o alimentarse a sí mismos.

Cuando el cliente se hace consciente de esta dinámica, es natural sentirse enojado con las figuras paternas. Pero, ¿cómo se pasa de la ira, el sentimiento de culpa, y un modelo de inseguridad de las relaciones cercanas a una visión más tolerante, compasivo de nuestra educación? Es decir, ¿cómo podemos lograr un modelo más optimista de lo que podemos esperar o trabajar en pro de nuestras relaciones íntimas? Y, ¿por qué alguien habría de molestarse en hacerlo?

Cómo los terapeutas ayudan u obstaculizan a los clientes

Es común para un terapeuta apoyar o fomentar la ira de un adulto hacia sus padres por su comportamiento en el pasado, basándose en la idea de que estar en contacto con y expresar el enojo ayudará al cliente a alejarse de autoinculpación y moverse hacia una mejor salud mental.

Sin embargo, la relación del cliente con un terapeuta puede ser más discapacitante que empoderante a lo largo del tiempo si el terapeuta sigue apoyando la idea de que el cliente tiene que luchar agresivamente contra la realidad o la memoria (si el padre ya no está vivo) de un padre o madre formidable , en lugar de ver al padre como alguien con sus propias fragilidades, inseguridades y anhelos. Esto es algo importante a tener en cuenta, ya que cuando los adultos se aferran a sentimientos negativos acerca de las relaciones tempranas, pueden reforzar su auto-imagen de víctima y sentirse incapaces de tomar medidas para establecer relaciones íntimas que son satisfactorias, confiando, o al menos, no perjudiciales.

Sin alguna insistencia, un cliente también podría llegar a la conclusión de que la evasión en lugar de la reparación de una relación con uno de los padres es la única opción. Mientras que terminar una relación con un padre a veces puede ser la decisión más saludable, no siempre es así: Al dejar de apoyar la ira de un cliente hacia uno de los padres, podría aparecer la oportunidad para que el padre todavía pueda ser capaz de proporcionar algo de lo que el hijo adulto anhela y necesita, aunque sea a través de la relación nieto-abuelo.

Aunque muchos escritores que hablan de apego escriben como si el modelo se formara muy temprano y cristalizara como una plantilla para siempre, los datos no apoyan esto. Los modelos de apego pueden cambiar con el tiempo conforme experiencias de relación más satisfactorias o nutricias nos empujan hacia sentimientos de aumento de la facilidad, confianza, y a confiar en que se podrán desarrollar relaciones íntimas satisfactorias (lo que algunos llaman la “seguridad adquirida”). Esto puede suceder cuando un estilo de pareja romántico muestra cómo una postura de mayor aceptación puede ser nutritiva, o cuando una relación más sensible con un adulto cuidador -terapeuta, mentor, maestro o amigo- revela que es posible encontrar relaciones cercanas más solidarias, de apoyo, y satisfactorias.

… continuará.

Originalmente publicado en inglés en http://greatergood.berkeley.edu/article/item/the_cost_of_blaming_parents, la traducción, es de la Lic. Ana María Valenzuela

Fuente: Psicología Positiva en Acción / Ana María Valenzuela

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