El peligro de las etiquetas

etiquetaHazle creer a una persona que es un desastre desde que nace y es muy probable que lo sea en el futuro

Podríamos decir que las etiquetas  nos sirven para clasificar la realidad, ya sean personas, objetos o situaciones. Catalogamos el mundo que nos rodea para tener la percepción de que existe cierto orden y estabilidad en él y así poder hacernos un esquema de cómo funciona sin tener que realizar un análisis profundo constante: “tu eres tal”, “aquella persona es cual”, “tiene que ser porque es así”.

En este rápido procesamiento de información,  asignamos y utilizamos adjetivos para atribuir rasgos estables de personalidad a las personas. Esto lo solemos hacer con independencia del grado de conocimiento que tengamos de la persona, priorizamos nuestra economía cognitiva y pensamos que si nos equivocamos…ya le pondremos otra etiqueta más tarde.

No hemos estado presentes en la mayoría de sus acciones, no conocemos la historia que hay detrás de ellas ni sabemos qué circunstancias han podido llevar a que actúe de una determinada manera.

Recordemos que:

Los “heurísticos” son atajos que utiliza nuestra mente para explicar una realidad determinada o solucionar un problema que se nos presenta con información incompleta.

Y es que parece que no tenemos pelos en la lengua para llamar a alguien “egoísta”o“desastre”. Lo podemos hacer con la simple observación de un hecho aislado, de manera subjetiva o, peor aún, por haber escuchado rumores sobre ella.

A partir de ese momento, puede que ya consideremos a esa persona como tal y como algo que no va a cambiar ni con el paso del tiempo ni el aprendizaje. Y tratarla como tal claro.

Veamos qué significado real tienen estas palabras:

“Egoísta”:  inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

¿Realmente podemos juzgar con este calificativo a una persona que ha decidido relajarse y dedicar un día para ella?

No. Todos tenemos derecho a hacerlo y es muy saludable hacerlo. Estar para los demás es importante, claro, pero dedicar tiempo para una misma es fundamental para vivir una vida plena y acorde contigo.

” Desastre”: Desgracia grande, suceso infeliz que arrasa con todo.

¿Se puede afirmar que una persona es de esta forma por derramar un vaso de agua o pasar una temporada más desorganizado/a?

No. Además si una persona recibe continuamente ese mensaje puede asumir ese rol y que, lejos de ayudarla, le genere problemas en el desempeño de sus actividades futuras.

Conociendo estas definiciones, ¿Podemos llamar a una persona con alguno de estos adjetivos sin tener datos suficientes para ello?.

C

A la hora de comunicar a otra persona qué imagen tenemos de ella, cuando perdemos los nervios o cuando exigimos a otra persona que sea como debería de ser o como se supone que debería de ser según nuestro criterio corremos el riesgo de equivocarnos y, por otra parte, hacerle sentir mal.

Además no solucionamos mucho con esos “toques de atención”, aunque lo que busquemos sea que una persona que estimamos cambie algo de su personalidad por “su bien”.

Hay otras maneras de hacerlo que incrementan la probabilidad de animar y motivar. Cambia mucho el mensaje:

No es lo mismo decir “eres un/a desastre” que “quizás no te hayas organizado suficiente en esta ocasión”

No es lo mismo decir  “eres un/a egoísta” que “en esta ocasión me hubiera gustado que estuvieras, te eché en falta”.

Consecuencias de aplicar etiquetas

– Nos quedamos en la superficie de las situaciones sin darnos la oportunidad de aprender y crecer.

– Hace que nos formemos opiniones subjetivas de las personas y no nos demos la oportunidad de conocerlas o ser más comprensivos con ellas

– Daña la autoestima de las personas “etiquetadas”

– Incrementa las probabilidades de que no avance, se frustre más y se sienta peor

– Afecta su autoconcepto y no soluciona mucho a modo de consejo. Es mejor concretar más y definir situaciones concretas.

C

Contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros.

Marcel Duchamp

Fuente: La mente es maravillosa

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