El tabú de ir a terapia

Natalia Parodi2Porque no soy débil. Porque qué dirán los demás si se enteran. Por no aceptar que podríamos tener problemas. Porque nos pueden decir que estamos locos. Porque es muy caro. Porque no necesito ayuda. Porque yo puedo solo. Porque demora mucho. Porque no confío. Porque mis problemas son privados. Porque para hablar de mis cosas tengo a mis amigos. Porque los psicólogos son unos charlatanes. Por vergüenza. Por culpa. Por miedo. Porque son chismosos, morbosos que todo quieren saber de uno. Porque no son más inteligentes que yo. Porque no puede entenderme si no ha vivido lo mismo que yo. Porque no entiendo de qué se trata una terapia.

Cuando tenemos dificultades quisiéramos cerrar los ojos y que al abrirlos de pronto todo fluya sin pensarlo tanto. El asunto es que no funciona: resistirse a ver un problema no hará que desaparezca. Una cosa es protegernos y otra cosa es estar a la defensiva. Mucha gente sufre convencida de que la culpa de sus problemas es de otro (papá, mamá, esposo). Y si bien es cierto que puede haber gente que nos dañe, no es verdad que ellos son la única razón de nuestro malestar. No debemos mirarnos como víctimas impotentes. Aunque a veces sintamos que no, todos tenemos los recursos para salir adelante. Una terapia te ayuda a darte cuenta de eso, a ver qué parte de ti está dañada y cómo, te acompaña a sanar las heridas y descubres cosas positivas de ti mismo que no habías visto. Sigue leyendo

Motivos por los que ir al psicólogo no es cosa de locos

puedes-cambiar-tu-vidaCuando lanzaron el portal Siquia una de las cosas que más nos sorprendió fue que cuando preguntaban a la gente qué opinión tenían de los psicólogos era que es algo para locos. Muchos lo decían con cierto pudor y se entiende que en muchas ocasiones se trata más de una expresión y una forma de hablar que de una creencia real. Pero si hay un reto al que se enfrente el ejercicio de la psicoterapia es el de la lucha contra los estigmas. No obstante, es un dato curioso, porque cada vez son más las personas que de forma directa o indirecta convive con otras que se medican contra la ansiedad o la depresión, la apatía, el desánimo, conflictos de pareja y situaciones complicadas derivadas, por ejemplo, de una separación o un divorcio y que afectan de forma distinta a cada miembro de la familia.

Pero sin embargo ¿por qué cuesta tanto hacer pública la necesidad de acudir a terapia psicológica? ¿Es más cómodo acudir al médico de cabecera y conformarnos con unas pastillas que no resuelven el problema pero sí los síntomas? ¿Acaso es rechazo social? ¿O hablamos de rechazo a nosotros mismos? Sigue leyendo